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3月29日

Alto a las reformas y al charrismo sindical!

Alto a la reforma a la ley de ISSTE y a vender el patrimonio de los trabajadores!
 
Pero tambien alto a la charrismo sindical, y a la contencion del movimiento popular con la venta de las demandas populares por las altas esferas de poder coludidas!!
 

Dice Falta... pero decia PARO... PARO... MALDITO CHARRUSTIN. Ese es el poder de los charros, el poder de detener las acciones directas contundentes, y seguir dandole atole con el dedo al trabajador.

3月27日

Ejemplos de mitos creados, creídos y difundidos por los medios de comunicación:

 Mitos Políticos: el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa es fuerte, legítimo, legal y vela por todos los mexicanos; el PRD es un partido de izquierda; el PAN es el partido de la “renovación cultural”; el PRI es un partido político.

Mitos Deportivos: la selección nacional de México tiene calidad futbolística de nivel internacional; la serie mundial del béisbol gringo es mundial; los Jaguares de Chiapas tienen bonito color de uniforme.

Mitos Militares: el ejército federal está para salvaguardar la soberanía nacional; la indígena mayor de edad que fue violada por soldados en Veracruz, en la Sierra de Zongolica, murió de gastritis y no de violación; el ejército combate al narcotráfico.

Mitos Policíacos: el objetivo de los ataques del gobierno del DF en contra el noble barrio de Tepito son para acabar con la delincuencia y no para favorecer la instalación de centros comerciales; la policía previene el delito; la AFI combate a la delincuencia organizada.

Mitos de Espectáculos: Britney Spears sufre en su programa de desintoxicación; RBD es un grupo musical;

Mitos Culturales: CONACULTA es una institución que fomenta la cultura y las artes; el Congreso de la Unión tiene genuino interés en fomentar el cine mexicano; Sebastián es un escultor.

Mitos Educativos: Elba Esther Gordillo es maestra; el CENEVAL beneficia la educación media y superior; Josefina Vázquez Mota trabaja por mejorar la educación en México.

Mitos Jurídicos: la justicia en México es honesta, limpia, imparcial y objetiva; la Constitución es la máxima ley en nuestro país; el Estado de Derecho impera en México.

Mitos Económicos: las privatizaciones son necesarias y urgentes para la economía nacional; las reformas al ISSSTE lo salvarán; la banca sirve a la economía nacional.

Mito Cómico: hay alguna diferencia entre las noticias de la clase política y la barra cómica;

Mito Religioso: Onésimo Cepeda es un obispo católico.

Mito Ético: la posición que se tome sobre el tema del aborto será una posición a favor de la vida o a favor de la muerte.

Mito Histórico: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano tiene algo del General Lázaro Cárdenas del Río (digo además del primer apellido);

Mitos Informativos: Gutiérrez Vivó y Jacobo Zabludovski son representantes de la prensa libre, independiente y honesta; Crónica es un periódico; Joaquín López Dóriga y Javier Alatorre son periodistas.

Mito Sexual: el supMarcos tiene bonitas piernas… (¡arrrrrrrrrroozzzz con leche!)

SCI MarcosLA GUERRA DE CONQUISTA SOBRE EL CAMPO MEXICANO.
EL NUEVO DESPOJO… 5 siglos después. en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/la-otra-campana/669/

3月26日

Because

Ah, because the world is round
it turns me on
Because the world is round

Ah, because the wind is high
it blows my mind
Because the wind is high

Ah, love is old, love is new
Love is all, love is you

Because the sky is blue
it makes me cry
Because the sky is blue

Ah, ah, ah, ah

The Beatles

Antes, era así. Debería de ser así

 

3月25日

pajaros mojados

Con los recuerdos de otra memoria
me sentaré tranquilamente
y dejaré...
que el tiempo me alcance.

Daniel Melero
(seria agradable vivir en esa otra memoria)

encontrado en http://xdreus.blogalia.com

El amor light y otras chaquetas sublinguales

Al parecer no todos somos concientes de lo incapaces que llegamos a ser en el amor. De la cantidad de paradigmas que lo rodean, y de una obscenidad de prototipos y esquemas que el capitalismo, "la modernidad", y el opus dei han insertado en el.

El amor tiene tantas imágenes raras y distorsionadas en las que se mueve en el mundo, que para mi, me emputan y me reencabronan, y si, cuando ahí que enfrentarlas, me entristecen. Al parecer el capital necesita de cierto tipo de enamorados que consuman. No le importa el amor que no compra, e inventan el 14 de febrero, las tarjetas hallmark, y tanto así que las formas de cortar a tu pareja vienen en pedazos de cartulina de media carta. Y también para volver. Y te las envuelven para regalo.

¿No es acaso un alucine, una forma pendeja, la de creer que el amor se da después de un tiempo de conocerse? ¿Quien dijo que el amor necesita saber el segundo apellido? La extraña ofensa y miedo, de que quien comparte la boca en la breve amplitud del tiempo, se dice que por ver el paquete sencillo, se largue con algo más complejo y menos fácil. Y si sucede, ¿no es acaso el o la otr@ un(a) infame idiota que no merece lo que le podemos ofrecer?

O también, el tiempo juntos, los esquemas y los hábitos actuales de las parejas. El, que me llame si le interesa, no voy a esperar, la dignidad se siente golpeada cuando tienes que mostrar fragilidad hacia el otro. ¿No es acaso pendejo también, el decirse que si uno muestra la necesidad tremenda y honda que siente por alguien, una llamada pueda significar rebajarse a lo subterráneo? Si quieres realmente ver a alguien, o hablarle o eso, no te detienes a defender un honor, que la palabra honor sirve para una cosa, que tiene tan poca importancia que ahora mismo no la recuerdo. Lo buscas por cielo mar y tierra y te paras donde sabes que te puede encontrar.

Los costos inventados de tantas cosas. El valor de un beso, repito, el valor de mi tiempo, el valor de mi intimidad, el valor de saber lo que el otro no sabe, el valor de ser el o la dueñ@ del poder, la lucha de un poder, que para fin de cuentas vale para pura madre cuando el amor acaba siendo eso, la lucha del cetro.

Las distancias, los encuentros, las palabras, la complicidad de saberse amado a grandes distancias, o a muy cortas, el que no necesita decir te amo, cuando se dice tengo comezón, y se entiende estar contigo es sentirse brutalmente vivo. Los esquemas típicos para decirse el amor, se malgastan e impiden la individualización de cómo a ti te gusta decir te quiero.

Negarse a la idea de ofrecer tu persona sin máscaras, decir lo endeble que eres cuando piensas en ella o en el, de decirle que te duele y que te gusta.

De las mentiras futuras, de que el amor no cambia, de que la gente no cambia, cuando cambiamos a cada rato, y en el amor cambiar a veces mejora todo, a veces no. Los sueños a futuro, el decirse junto a alguien a la perpetuidad, cuando no estamos seguros de nada mas allá de lo que esta pasando. La sinceridad futurista, no demos crédito a amores a largo plazo.

Tal vez las bizarras creencias de la indiferencia ante el enamorado o enamorada. El hacerle sentir indiferencia o hasta desprecio, para volcarse sobre el producto, como un vicio al cigarro. “Amor Light”... Como la coca cola zero, ese que dice que la mejor de amar no implica necesitar de alguien. Es cierto, amorosos quejumbrosos, ¿que al amar puedes hacerlo desde tu cocina y tu escritorio, desde las paginas del diario, desde el antro y las diversiones que te ofrece el ambiente postmoderno? Pero, ¿Es acaso equivocado sentir también la necesidad de alguien, de verlo de sentirlo, al menos de mirarlo un poco?

Seguiría diciéndolo, la sinceridad que se nos obliga al querer, o la de saber lo que el otro hace sin seguir el cuestionario rutinario, o también si, pero signifique lo mismo y al mismo tiempo viceversa.

Y asi ahi muchas cosas, que la naturalidad y cotidianeidad del sistema nos hace vivir, que debemos recuestionar para hacerlas tan revolucionarias para hacerlas motores de otro mundo. Uno donde el amor no forme parte de las listas de regalos, ni de las revista TvNotas, o del guión canónico de Hollywood.

Debemos pues, romper con estos idiotas que nos dicen que el amor no es más que  un tratado de libre comercio entre dos personas físicas.

Que muchas cosas que parece que no significan nada(tal vez para la burguesía no lo signifiquen) valen mas que la boda con pastel y el masaje en los pies, y que el beneficio o perjuicio que nos dicen que trae, dependan más de que tan sano sepas amar.

Saber lo equivocado que podemos estar cuando nuestra forma de amar no satisface a alguien, saber que se puede cambiar mucho en ti, sin que esto signifique el desprenderse de quien eres.

De que yo tampoco se amar, pero ahí voy, caminando y tropezando tratando de descubrir a alguien que quiera aprender conmigo, sin cheque al portador.

Un saludo, y gracias a la inspiración de este artículo, que le gusta apretarle por atras a la pasta de dientes, y que respeta una agenda y tiene citas a horas completas.

3月19日

Mi guitarra y Vos

"hay-manos-capaces-de-fabricar-herramientas-con-las-que-se-hacen-máquinas-para-hacer-ordenadores-que-a-su-vez-diseñan-máquinas-que-hacen-herramientas-para-que-las-use-la-mano"
Jorge Drexler

Elle

[Elle est faite avec papillons parce que quand elle rit,sort  de sa bouche et flotte à mon estomac(c'est la raison plus logique)]
3月15日

Extraño!

Wow! No se porque ciertamente, ni precisamente la cantidad circunstancial, pero el espacio ha llegado al mágico número de 6969 visitas!!!  Se acerca vertiginosamente(obviamente) a las 7000, asi que por ahi la gente, que por razones del destino y de conveniencias geográficas visita este pedazo de alma vendido a Bill Gates, les pido que escriban un #$#$&%$"#$ Comentario, no sean manchados 7000 mil y no se osan en escribirme unas lineas... Andemos pues.. y gracias por leerme por aqui, los quelo.

Ahi les va una fotito bonita bonita para su regocijo:

3月6日

Marquez y cien años de aracataca

"El coronel Aureliano Buendia promovio' treinta y dos levantamientos armados y los perdio todos"
100(y no cien) años de soledad, el Gabo compitiendo con la soledad, ya lleva 80. ¡Felicidades compañero!

Las --Jodorowsky-- noticias

En los 80 de Gabo, unas palabras de Fidel: "La novela de sus recuerdos"

Fidel Castro Ruz <>

2007-03-06

Gabo y yo estábamos en la ciudad de Bogotá el triste día 9 de abril de 1948 en que mataron a Gaitán. Teníamos la misma edad: 21 años; fuimos testigos de los mismos acontecimientos, ambos estudiábamos la misma carrera: Derecho. Eso al menos creíamos los dos. Ninguno tenía noticias del otro. No nos conocía nadie, ni siquiera nosotros mismos.

Casi medio siglo después, Gabo y yo conversábamos, en vísperas de un viaje a Birán, el lugar de Oriente, en Cuba, donde nací la madrugada del 13 de agosto de 1926. El encuentro tenía la impronta de las ocasiones íntimas, familiares, donde suelen imponerse el recuento y las efusivas evocaciones, en un ambiente que compartíamos con un grupo de amigos del Gabo y algunos compañeros dirigentes de la Revolución.

Aquella noche de nuestro diálogo, repasaba las imágenes grabadas en la memoria: ¡Mataron a Gaitán!, repetían los gritos del 9 de abril en Bogotá, adonde habíamos viajado un grupo de jóvenes cubanos para organizar un congreso latinoamericano de estudiantes. Mientras permanecía perplejo y detenido, el pueblo arrastraba al asesino por las calles, una multitud incendiaba comercios, oficinas, cines y edificios de inquilinato. Algunos llevaban de uno a otro lado pianos y armarios en andas. Alguien rompía espejos. Otros la emprendían contra los pasquines y las marquesinas. Los de más allá vociferaban su frustración y su dolor desde las bocacalles, las terrazas floridas o las paredes humeantes. Un hombre se desahogaba dándole golpes a una máquina de escribir, y para ahorrarle el esfuerzo descomunal e insólito, la lancé hacia arriba y voló en pedazos al caer contra el piso de cemento. Mientras hablaba, Gabo escuchaba y probablemente confirmaba aquella certeza suya de que en América Latina y el Caribe, los escritores han tenido que inventar muy poco, porque la realidad supera cualquier historia imaginada, y tal vez su problema ha sido el de hacer creíble su realidad. El caso es que, casi concluido el relato, supe que Gabo también estaba allí y percibí reveladora la coincidencia, quizás habíamos recorrido las mismas calles y vivido los sobresaltos, asombros e ímpetus que me llevaron a ser uno más en aquel río súbitamente desbordado de los cerros. Disparé la pregunta con la curiosidad empedernida de siempre. “Y tú, ¿qué hacías durante el Bogotazo?”, y él, imperturbable, atrincherado en su imaginación sorprendente, vivaz, díscola y excepcional, respondió rotundo, sonriente, e ingenioso desde la naturalidad de sus metáforas: “Fidel, yo era aquel hombre de la máquina de escribir”.

A Gabo lo conozco desde siempre, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana. Como él mismo confesó, lleva sobre su conciencia el haberme iniciado y mantenerme al día en “la adicción de los best-sellers de consumo rápido, como método de purificación contra los documentos oficiales”. A lo que habría que agregar su responsabilidad al convencerme no solo de que en mi próxima reencarnación querría ser escritor, sino que además querría serlo como Gabriel García Márquez, con ese obstinado y persistente detallismo en que apoya como en una piedra filosofal, toda la credibilidad de sus deslumbrantes exageraciones. En una oportunidad llegó a aseverar que me había tomado dieciocho bolas de helado, lo cual, como es de suponer, protesté con la mayor energía posible.

Recordé después en el texto preliminar de Del amor y otros demonios que un hombre se paseaba en su caballo de once meses y sugerí al autor: “Mira, Gabo, añádele dos o tres años más a ese caballo, porque uno de once meses es un potrico”. Después, al leer la novela impresa, uno recuerda a Abrenuncio Sa Pereira Cao, a quien Gabo reconoce como el médico más notable y controvertido de la ciudad de Cartagena de Indias, en los tiempos de la narración. En la novela, el hombre llora sentado en una piedra del camino junto a su caballo que en octubre cumple cien años y en una bajada se le reventó el corazón. Gabo, como era de esperarse, convirtió la edad del animal en una prodigiosa circunstancia, en un suceso increíble de inobjetable veracidad.

Su literatura es la prueba fehaciente de su sensibilidad y adhesión irrenunciable a los orígenes, de su inspiración latinoamericana y lealtad a la verdad, de su pensamiento progresista.

Comparto con él una teoría escandalosa, probablemente sacrílega para academias y doctores en letras, sobre la relatividad de las palabras del idioma, y lo hago con la misma intensidad con que siento fascinación por los diccionarios, sobre todo aquel que me obsequiara cuando cumplí 70 años, y es una verdadera joya porque a la definición de las palabras, añade frases célebres de la literatura hispanoamericana, ejemplos de buen uso del vocabulario. También, como hombre público obligado a escribir discursos y narrar hechos, coincido con el ilustre escritor en el deleite por la búsqueda de la palabra exacta, una especie de obsesión compartida e inagotable hasta que la frase nos queda a gusto, fiel al sentimiento o la idea que deseamos expresar y en la fe de que siempre puede mejorarse. Lo admiro sobre todo cuando, al no existir esa palabra exacta, tranquilamente la inventa. ¡Cómo envidio esa licencia suya!

Ahora aparece Gabo por Gabo con la publicación de su autobiografía, es decir, la novela de sus recuerdos, una obra que imagino de nostalgia por el trueno de las cuatro de la tarde, que era el instante de relámpago y magia que su madre Luisa Santiaga Márquez Iguarán echaba de menos lejos de Aracataca, la aldea sin empedrar, de torrenciales aguaceros eternos, hábitos de alquimia y telégrafo y amores turbulentos y sensacionales que poblarían Macondo, el pequeño pueblo de las páginas de cien años solitarios con todo el polvo y el hechizo de Aracataca.

De Gabo siempre me han llegado cuartillas aún en preparación, por el gesto generoso y de sencillez con que siempre me envía, al igual que a otros a quienes mucho aprecia, los borradores de sus libros, como prueba de nuestra vieja y entrañable amistad. Esta vez hace una entrega de sí mismo con sinceridad, candor y vehemencia, que le develan como lo que es, un hombre con bondad de niño y talento cósmico, un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla.
http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=8551
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viaje a macondo

Aracataca, Col. Un tren llamado Macondo, en alusión a la obra maestra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, recorrerá territorio colombiano en conmemoración de los 80 años de vida del Nobel de Literatura de 1982. Reuters



2 noches -a 4 manos- de los feos

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La noche de los feos de Benedetti

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

"¿Algo cómo qué?"

"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."

"Prometo."

"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"

"No."

"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

"Vamos", dijo.


2

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

FIN

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La otra noche de los feos ---  Moi

Ambos somos feos. No se podría decir que aceptablemente feos. El tiene una quemadura junto a la boca. Sufrió una quemadura de ácido durante su adolescencia. Yo tengo un volcán en inactividad por cachete desde la niñez.

Tampoco puede decirse que tengamos las manos hermosas, las que a veces sirven para tocar y enternecer sin la inspección frontal de la cual los horribles pierden toda oportunidad. Ni siquiera, para nada. Tanto sus manos como las mías, temblorosas, húmedas del sudor de nuestras inseguridades, no nos sacaban de nuestra situación. Nos parecemos tanto. Tal vez parecer no se la palabra más apropiada. Es más bien, la tristeza fulminante con la que ambos vemos a la vida, y más aún, a nuestros rostros.

Fue en el cine, el adelante de mí, yo por detrás. Tal vez, si se fijó cuando lo miraba a los ojos, no porque me llamara la atención, sino por el reflejo que representaba el en mí. Al parecer el tampoco me vio con mucho consuelo, mas bien, con complicidad. Patético decir, que en la fila todos iban de a dos, además, el amor y la aceptación entre hermosos, nos resaltaba de todos.

Durante la fila, descubrí que me veía con mucho detenimiento, me observó la hendidura del pómulo, pero aquello no me incomodaba. Le regrese el favor, si favor podemos llamarlo, y caminé con los ojos sobre su amplia zona lampiña, lisa de su quemadura.

Entramos, me fui delante de él, a las mujeres nos gusta provocar interés, aún cuando no seamos agraciadas físicamente en lo absoluto. Aún si mirarlo, sentía su mirada sobre mi nuca. Sentía su sonrisa. La parte de su lado normal.

Una hora y cuarenta minutos observamos y nos deleitamos con 2 apuestos enamorados. Disfrutar de la belleza ajena no me es difícil, suelo hacerlo con la mayor discreción. Solo me es difícil no despreciar la fealdad. En ellos no puedo ver lo que quisiera ser, y resuelvo en ellos el irremediable destino de mi desfigurada cara. A veces me pregunto que de Romeo, si Julieta hubiera tenido el pómulo hundido, o quemaduras en la cara, o no tuviera un brazo, o una oreja mocha.

Salimos del cine, avancé unos cuantos pasos, caminando un poco lento, por si así se atreviera a cruzar unas palabras. Y me habló, yo supuse consternación, para aparentar sorpresa. Creo que funcionó. Me invitó a charlar. Después de la obligada rutina de vacilación, acepté.

Llegamos a una confitería, que parecía repleta. Sin embargo, en una esquina se desocupó una mesa, para dos, solo para hacerlo mas apropiado. En cuanto entramos, las miradas penetrantes de los otros, los normales, los que sin más ni más en el rostro, contemplan con seguridad toda mutación a la geometría facial. Y no era de menos, vernos juntos nos imponía la importancia que tiene en el circo la mujer barbuda, la vaca de dos cabezas. Una de esas atracciones para invitar a una(o uno), donde satisfacer el morbo a lo espeluznante.

Pedimos helados, y saqué mi espejo. Claro que fue para mí una proeza, pero percibí que le gustó. Además no era mi principal motivo arreglarme el pelo sino, la de satisfacer en mi las miradas hirientes de los que estaba detrás de nosotros, contemplando el espectáculo de la contra selección natural.

"¿Qué estas pensando?" me preguntó. Me gusta su voz.

"Un lugar común",  "Tal para cual". Dije

Estuvimos ahí un largo rato. Parecía que supiéramos que diría el otro antes de empezar. Llegamos a lo más profundo de nuestras almas, con riesgo a llegar al fondo para nunca regresar. Era inteligente, claro. Cuando sonreía su lisa mancha vibraba perturbadoramente. Llegamos al punto crítico, y lanzó la flecha:

""Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?" me dijo.

"Sí"

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida." Me gusta que digan inteligente.

"Sí."

Fui incapaz de mirarlo más. Me había desarmado y expuesto. Creo que al decirlo, también se lo decía a él.

"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

"¿Algo cómo qué?" Hay que ser sutil.

"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad." No me parecía tan real la oferta. Tomando en cuenta que no tenia esperanza alguna en el "amor" para mi.


"Prométame no tomarme como un chiflado."

"Prometo."

"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"

"No."

"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"

No pude evitarlo. Nunca había recibido un cumplido, y viniendo de él tenia que ser sincero. Además el se veía muy lindo sacando a luz sus únicas armas de conquista.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

Por ultima vez lo observe directamente, tratando de descifrar si no se trataba de un demente, sacando de el lo mas posible de la ventana que son sus ojos
Me gustan sus ojos.

"Vamos", dijo

Sentí alivio al verlo cerrar las cortinas, además de apagar la luz. Por más coraje que se necesita para llegar ahí, la oscuridad me da el resguardo.
Escuchaba su respiración, sombría y aletargada donde debía de ir mi oreja. Sin más ni más, me desnudé.

Me recosté y esperé a que el diera el primer paso. Repentinamente sentí sus manos sobre mi pecho, acariciándolo, yo hice lo mismo con su sexo.
Cruzando mis brazos en su espalda. Me dio placer, y yo se lo di.

Sorpresa fue cuando sus dedos llegaron a mi pómulo hundido. Lo escuché llorar, y lloré.

Sentí una profunda necesidad de tocar también su quemadura, rozándola con mis dedos, tomando severa atención a las porosidades y los estiramientos

Era de mañana ya. Resecos de llorar, con mis muslos entumidos entre sus rodillas, se levantó y abrió las cortinas.







3月4日

In my place

In my place, in my place
Were lines that I couldn't change
I was lost, oh yeah

I was lost, I was lost
Crossed lines I shouldn't have crossed
I was lost, oh yeah

Yeah, how long must you wait for him?
Yeah, how long must you pay for him?
Yeah, how long must you wait for him?

I was scared, I was scared
Tired and underprepared
But I wait for you

If you go, if you go
Leaving me here on my own
Well I wait for you

Yeah, how long must you wait for him?
Yeah, how long must you pay for him?
Yeah, how long must you wait for him?

Please, please, please
Come on and sing to me
To me, me

Come on and sing it out, out, out
Come on and sing it now, now, now
Come on and sing it

In my place, in my place
Were lines that I couldn't change
I was lost, oh yeah
Oh yeah

coldplay...

Llorando alegremente..

A la orilla de la chimenea

Puedo ponerme cursi y decir que tus labios
me saben igual que los labios que beso en mis sueños,
puedo ponerme triste y decir que me basta
con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre tu dueño
y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren,
tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado tu Dios tu asesino,
o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir que no soy el mejor
que me falta algo para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir toma mi dirección
cuando te hartes de amores baratos, de un rato me llamas
y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío,
o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda, en mitad de la calle y desnuda.
O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea a esperar...
joaquin Sabina
3月1日

Las sociedades de alumnos

A lo largo de nuestras carreras, individualmente nos preguntamos como es que podremos trabajar en equipo a la hora de salir a la industria. Como relacionarnos con la gente afín a nuestros intereses académicos, y buscamos las opciones que nos ofrece nuestro entorno universitario. He aquí a las algunas sociedades de alumnos, como la SAFIR, que nos llevan a acrecentar nuestros conocimientos prácticos de nuestras carreras, así como conocer un poco más de cerca el mundo laboral que nos espera. Pero (porque para esto hay pero) existen otras sociedades, aquellas que nos proponen grandes proyectos de relación con empresas, viajes de practicas espectaculares, y pues "echarnos" la mano a la hora de que nos conozcan los buenazos que nos podrán dar chamba en el futuro... Su discurso nos convence muchas veces y ahí estamos, por una módica cantidad inscritos, y asentamos nuestro número de cuenta y nuestro nombre a las filas de las mismas... Sin embargo... ¿Quién está detrás de estas sociedades? ¿Quien dispone de su valioso tiempo para que mejoremos nuestra formación profesional? ¿Acaso son gente altruista y genial que lo hace por un bien común?... ¿O lo hacen por misteriosos motivos? El ejemplo viene a colarse en este articulo, La SAIEE: Su dirigencia, promovida en las ultimas elecciones, mejor conocidos como los candidatos de las autoridades(ahora post mortem), que gracias a que no tenían tantos amigos como los que saldrían después victoriosos, no lograron sus objetivos de poder... Descubramos entonces que tienen su oscuro lado... Su propaganda masiva, apoyada en recursos de nuestra institución, con el apoyo de una de las grandes esferas de poder dirigidas por el ex director(gracias) Gerardo Ferrando Bravo, que tiene directas relaciones con empresas privadas como la CACEI(órgano que nos vino a acreditar nuestros controversiales nuevos planes de estudio, donde Ferrando da la casualidad de ser el tesorero), con sus carteles producidos en las imprentas de la facultad, su propaganda pegada por los mismos trabajadores, y su campaña sucia.

Son ellos, los que dirigen esta sociedad que en los últimos días anda confundiendo a los eléctricos para que engrosen su lista de miembros, son ellos, los que vienen a decirnos que nos beneficiara estar en su selecto grupo, que mejor le quedaría trampolín de influencias. ¿Para eso queremos estar en su sociedad? Para que después ellos, que tan chavos ya tan corruptos, vayan y utilicen sus nombres de presidente de una sociedad de alumnos para sus propios intereses. No, eso no parece correcto, y ese no debe ser el fin de nuestras sociedades de alumnos.

Hacemos un llamado, a reflexionar acerca del camino al que llegan algunas de las sociedades de alumnos existentes,  a no permitir que estos grupos sigan escondiendo su basura, detrás de las ilusiones de muchos de nosotros de ampliar nuestros conocimientos y oportunidades, a denunciarlos con todo y sus mentiras. Llamamos a la creación y reconstrucción de las sociedades de alumnos, que velen por los intereses comunes y no por sonrisas burocráticas, que respondan a las necesidades propias de nuestro país y si, nos ayuden a crecer como ingenieros.